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Los no lugares de Marc Augé

      
Marc Augé fotografiado en e metro de París a mediados de los 80 por Sophie Bassouls. Latinstock/Corbis
Marc Augé fotografiado en e metro de París a mediados de los 80 por Sophie Bassouls. Latinstock/Corbis
Los no lugares. Espacios del anonimato (Gedisa) Marc Augé
Los no lugares. Espacios del anonimato (Gedisa) Marc Augé
Las grandes ciudades tienen la característica de irse pareciendo cada vez más una a la otra sin importar la latitud en la que se encuentren; el achicamiento del planeta y la aceleración de la historia son responsables directos de esta similitud; los espacios públicos de convivencia al aire libre escasean y en cambio tenemos monstruosos complejos comerciales en donde nuestra interacción con el otro es más bien indiferente porque, al igual que las calles, los supermercados o los medios de transporte, son sólo regiones de paso. A estas regiones de paso, el antropólogo y etnólogo francés Marc Augé las llama los no lugares, y es en esos no lugares en donde se está definiendo nuestra existencia social.

EnLos no lugares. Espacios del anonimato (Gedisa) Marc Augé identifica no sólo los no lugares, sino cómo ha cambiado nuestro comportamiento social cuando los experimentamos. Para Augé “Si un lugar puede definirse como lugar de identidad, relacional e histórico, un espacio que no puede definirse ni como espacio de identidad ni como relacional ni como histórico, definirá un no lugar.” A diferencia de las heterotopías de Michel Foucault, que son lugares reales fuera de todo lugar o “utopías localizadas”, como Disneylandia; los no lugares de Augé son los espacios por los que nos movemos cotidianamente sin prestarnos mucha atención y sin apropiarnos de ellos. El no lugar “es lo contrario de la utopía: existe y no postula ninguna sociedad orgánica”, como en Cloe, una de las ciudades imaginarias de Italo Calvino en donde “las personas que pasan por las calles no se conocen. Al verse imaginan mil cosas las unas de las otras, los encuentros que podrían ocurrir entre ellas, las conversaciones, las sorpresas, las caricias, los mordiscos. Pero nadie saluda a nadie, las miradas se cruzan un segundo y después huyen, buscan otras miradas, no se detienen”.

El diálogo silencioso y la invasión del espacio por el texto es lo que impera en los no lugares, el “paisaje-texto”, como le llama Augé, confronta al usuario de los no lugares con una imagen de sí mismo en soledad y en similitud a los demás pasajeros, porque el espacio del no lugar no crea ni identidad singular ni relación.

Sin embargo, el metro, que pensaríamos es un no lugar ejemplar, no lo es para Marc Augé. En El metro revisitado (Paidós, 2010),el francés vuelve a hablar del metro parisíno del que habló en Un etnólogo en el metro (1987), pero esta vez para decir que no puede ser un no lugar porque para él, el metro es un elemento de su identidad geográfica y su identidad social. “No es un no-lugar para aquellos que, como yo, continúan percibiéndolo como un elemento esencial del París intra muros, el París indisociable de su metro que han celebrado algunas canciones, algunas películas y algunos textos durante la posguerra y la década de 1950”.

Marc Augé, que es también un entusiasta de la bicicleta, nos ofrece como lectores un panorama teórico sobre nuestra actual posición y participación como individuos que viven y padecen las grandes ciudades. Sin darnos cuenta, pasamos el día más en el anonimato que en el reconocimiento de nuestra identidad, y sin control de la identidad no hay individualización.   

Es por eso que el uso de la bicicleta tiene cada vez más importancia porque no sólo es un transporte ecológico y eficaz, sino que nos devuelve la interacción con el entorno y le da continuidad a nuestro recorrido. En su Elogio de la bicicleta (Gedisa, 2009), dice: "La bicicleta es un humanismo”. Augé cree que la bicicleta es el medio que ayudará a transformar nuestras ciudades, a hacernos mejores seres humanos y a la larga, a convertirnos en una mejor sociedad.

Como lo decía al principio, las ciudades se parecen cada vez más las unas a las otras y eso será más evidente cuando el planeta se convierta en una sola y descomunal gran ciudad. Augé ya se preocupa por ello y lanza un llamado urgente a los arquitectos preocupados más por su “gran proyecto” que por el impacto que éste tendrá en la sociedad. Los museos por ejemplo, que para Foucault son una heterotopía, se han convertido en no lugares por los egos sobrados de sus arquitectos, hoy en día vale más para un turista ver el habitáculo que las colecciones que exhibe porque el museo es en sí la obra de arte. Y al mismo tiempo, las ciudades se pelean y ofrecen cantidades exorbitantes de dinero para que un arquitecto famoso les diseñe un edificio y con ello le de vida turística a un poblado que ya tenía vida campestre pero cero rentabilidad económica, transformando a ese lugar en un no lugar.

En el artículo titulado El futuro de las ciudades (LeMondey Clarín 2009), Marc Augé, a modo de regaño, les dice: “Cuanto más los admiramos, más deseamos que puedan llegar a liberarse de la cultura del ‘proyecto’, esa forma de pensamiento ‘en función de las circunstancias’ impuesta por la ideología del consumo, para seguir siendo o volver a ser visionarios del mundo.”

Por lo pronto, lo que usted y yo podemos empezar a hacer, es tomar la bicicleta y salir a re-conocer nuestra ciudad, al fin y al cabo, andar en bicicleta nunca se olvida.

Lee la edición completa de este número en: http://www.gandhi.com.mx/index.cfm/LeeMas


EL METRO REVISITADO
Marc Augé
PAIDÓS

LOS NO LUGARES. ESPACIOS DEL ANONIMATO
Marc Augé
GEDISA

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