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Maestría en Administración Pública: la importancia de la AP en la sociedad

      
<p><span>Muchos son los temas que allí intervienen y que nos afectan constantemente, varios de ellos de manera cotidiana y que pasan desapercibidos en el diario vivir, entre ellos se pueden nombrar algunos ejemplos como: las políticas públicas para nuestra comunidad, instituciones que facilitan la convivencia social, partidos políticos que nos representan, entre otros cientos de casos.<br/><br/></span></p><p><span>En ese orden de ideas, la <a href=https://hubs.ly/H0n64FX0 target=_blank>administración pública</a>, a través de sus instrumentos, y por ser un elemento indispensable del Estado, debería en teoría desarrollar la satisfacción ideal de los ciudadanos y defender a cabalidad los derechos de los mismos. Es decir, que un estado de derecho óptimo es aquel que implícitamente posee términos como soberanía, sociedad y constitución, siendo estos sinónimos de bienestar y progreso.</span></p><p><span><br/>Vista la AP desde diferentes aristas, también se puede hacer referencia a otros elementos, entre ellos, <strong>la política</strong>, la cual es otra idea que genera bastante debate. Dicho ejercicio, en su sentido más puro debe intervenir de manera positiva en la influencia de la distribución del poder entre las distintas configuraciones políticas y niveles sociales, es un brazo muy importante de la AP, donde cada uno de los ciudadanos somos parte esencial de esta dinámica conjunta.<br/><br/></span></p><p><span>De los anteriores párrafos se podrían escribir infinidades de conceptos que inquietan a la sociedad en cara al Estado y su forma de gobernanza, sin embargo, esta opinión no pretende alimentar la inconformidad social que se vive a diario en los diferentes medios de transferencia de información, sino, en contraposición, pretende mostrar que la AP, en un sentido más orgánico y sustentando por la carta magna, está constituida por la sociedad y para la sociedad.<br/><br/></span></p><p><span>¿Y qué implica esto? Implica que si la base social son las personas, de allí deben emanar los cambios estructurales más importantes para poder transformar sociedad, si bien la AP es un medio para lograrlo, no es el único, por eso bien decía Sen (1999)<a href=#_ftn1><span><span>[1]</span></span></a>, “debemos ser agentes de cambio” y esto solo es posible si entendemos nuestro verdadero papel como ciudadanos, entender realmente cuáles son nuestros derechos, pero también cuáles son nuestras responsabilidades desde la visión pública, más allá de la queja y el inconformismo. De ahí la importancia de conocer las bases de la AP a través de la <a href=https://hubs.ly/H0n64FX0 target=_blank>Maestría en Administración Pública de la Universidad Anáhuac México</a> para saber cómo actuar y cómo poder generar libertad como capacidad de agencia, de desarrollo como ampliación de libertades y la extinción de la pobreza entendida como ausencia de ciudadanía.<br/><br/></span></p><p><span>Por último, debemos entender que todos tenemos un <em>“Zoon Politikon”</em><a href=#_ftn2>[2]</a> en nuestro ser, pero no todos le sacamos provecho realmente a este relacionamiento, y, en este proceder dentro AP, la política y el estado, se tiene dos formas de acción: o se vive en pro de o se vive de ello, y creo que, sin cometer injuria en mi apreciación, en la actualidad pesa más la segunda que la primera, lo cual no debería ser la regla en que se rigen los estados. Sin embargo, este ejercicio social debería tener un poco más de compromiso de ambos conceptos expresado en la siguiente frase “Quien vive para la sociedad/política hace de ello su vida”<a href=#_ftn3><span><span>[3]</span></span></a>, cuya actuación está ajustada al principio de legalidad, porque se regula, se controla y se acota su actuación a los límites establecidos en la ley en pro de la sociedad.</span></p><p><span> </span></p><p><a href=#_ftnref1><sup><sup>[1]</sup></sup></a><sup></sup>Desarrollo y libertad. Barcelona, Planeta, 1999. p. 55</p><p><a href=#_ftnref1><sup><sup>[2]</sup></sup></a>Aristóteles (1999). La Política, Libro I. Madrid</p><p><a href=#_ftnref1><sup><sup>[3]</sup></sup></a> Weber (1972). El político y el científico. Madrid</p>

Muchos son los temas que allí intervienen y que nos afectan constantemente, varios de ellos de manera cotidiana y que pasan desapercibidos en el diario vivir, entre ellos se pueden nombrar algunos ejemplos como: las políticas públicas para nuestra comunidad, instituciones que facilitan la convivencia social, partidos políticos que nos representan, entre otros cientos de casos.

En ese orden de ideas, la administración pública, a través de sus instrumentos, y por ser un elemento indispensable del Estado, debería en teoría desarrollar la satisfacción ideal de los ciudadanos y defender a cabalidad los derechos de los mismos. Es decir, que un estado de derecho óptimo es aquel que implícitamente posee términos como soberanía, sociedad y constitución, siendo estos sinónimos de bienestar y progreso.


Vista la AP desde diferentes aristas, también se puede hacer referencia a otros elementos, entre ellos, la política, la cual es otra idea que genera bastante debate. Dicho ejercicio, en su sentido más puro debe intervenir de manera positiva en la influencia de la distribución del poder entre las distintas configuraciones políticas y niveles sociales, es un brazo muy importante de la AP, donde cada uno de los ciudadanos somos parte esencial de esta dinámica conjunta.

De los anteriores párrafos se podrían escribir infinidades de conceptos que inquietan a la sociedad en cara al Estado y su forma de gobernanza, sin embargo, esta opinión no pretende alimentar la inconformidad social que se vive a diario en los diferentes medios de transferencia de información, sino, en contraposición, pretende mostrar que la AP, en un sentido más orgánico y sustentando por la carta magna, está constituida por la sociedad y para la sociedad.

¿Y qué implica esto? Implica que si la base social son las personas, de allí deben emanar los cambios estructurales más importantes para poder transformar sociedad, si bien la AP es un medio para lograrlo, no es el único, por eso bien decía Sen (1999)[1], “debemos ser agentes de cambio” y esto solo es posible si entendemos nuestro verdadero papel como ciudadanos, entender realmente cuáles son nuestros derechos, pero también cuáles son nuestras responsabilidades desde la visión pública, más allá de la queja y el inconformismo. De ahí la importancia de conocer las bases de la AP a través de la Maestría en Administración Pública de la Universidad Anáhuac México para saber cómo actuar y cómo poder generar libertad como capacidad de agencia, de desarrollo como ampliación de libertades y la extinción de la pobreza entendida como ausencia de ciudadanía.

Por último, debemos entender que todos tenemos un “Zoon Politikon”[2] en nuestro ser, pero no todos le sacamos provecho realmente a este relacionamiento, y, en este proceder dentro AP, la política y el estado, se tiene dos formas de acción: o se vive en pro de o se vive de ello, y creo que, sin cometer injuria en mi apreciación, en la actualidad pesa más la segunda que la primera, lo cual no debería ser la regla en que se rigen los estados. Sin embargo, este ejercicio social debería tener un poco más de compromiso de ambos conceptos expresado en la siguiente frase “Quien vive para la sociedad/política hace de ello su vida”[3], cuya actuación está ajustada al principio de legalidad, porque se regula, se controla y se acota su actuación a los límites establecidos en la ley en pro de la sociedad.

 

[1]Desarrollo y libertad. Barcelona, Planeta, 1999. p. 55

[2]Aristóteles (1999). La Política, Libro I. Madrid

[3] Weber (1972). El político y el científico. Madrid


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