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Los automóviles tienen efectos destructivos sobre las ciudades

      
Autor: ¡Carlitos  |  Fuente: Flickr

El efecto destructivo de los vehículos en la capital mexicana no se limita a la contaminación ambiental, al ruido y al tráfico que producen, sino que va más allá.

 

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“También causan accidentes (en particular atropellamientos), propician despilfarro de recursos públicos en infraestructura vial para atender sólo a un sector de la sociedad y contribuyen de manera decisiva al aumento de la tensión y la hostilidad entre los usuarios de la vía pública”, consideró Federico Fernández Christlieb, investigador del Instituto de Geografía (IGg) de la UNAM, experto en el tema.

En su opinión, el mayor problema de una política de transporte urbano basada en el automóvil es que de manera inmediata divide a los ciudadanos entre aquellos que tienen uno y los que no.

“En general, su compra y mantenimiento dependen de los ingresos familiares, por lo que se ha convertido en sinónimo de cierto éxito socioeconómico, y como en México históricamente hay debilidad por ser clasistas, nos gusta demostrar que ascendimos un escalón al adquirirlo y despreciamos al peatón y al ciclista”.

Si la apuesta en la política pública es por un auto privado, podemos proyectar la situación hacia el modelo de una sociedad partida en dos, rota en todas las esquinas, donde se enfrentan automovilistas contra peatones y autobuses de pasajeros. “En otras naciones el transporte colectivo y el peatón siempre tienen la prioridad, pero aquí no”.

Indirectamente, el incremento en el número de vehículos ha hecho que la urbe misma se modifique, porque donde hace décadas había calles o avenidas con grandes camellones llenos de árboles o palmeras, ahora hay ejes viales y segundos pisos.

Al respecto, Fernández Christlieb señaló que “es un problema circular: mientras más vialidades se construyen para los automóviles, más de éstos aparecen en la vía pública y, por lo tanto, la edificación de aquéllas y de estacionamientos se presenta como una nueva necesidad”.

Sin embargo, prosiguió, hay que romper este círculo pues no conduce a una metrópoli sustentable. Esta ciudad alterada no es disfrutable porque constantemente está acechada por carros que representan un peligro, es hostil y anónima. El automóvil predispone al enfrentamiento y al conflicto, subrayó.

¿Qué medidas se deberían tomar para revertir el efecto destructivo de los autos? Sin duda, hace falta una nueva política que ponga en evidencia el valor del espacio público, porque si una sociedad lo respeta y emplea para convivir y disfrutar, entonces no lo ensucia ni lo destruye.

“El automovilista rara vez se da cuenta de este valor porque va encapsulado por la calle. Es importante fomentar conjuntamente la caminata y el uso de los medios de transporte públicos con las actividades artísticas, deportivas y culturales en la calle. Al organizar estas actividades el espacio se humaniza”.
         
El investigador de la UNAM también es partidario de establecer un día sin auto al año (entre semana). Sólo circularían los vagones del Metro, los camiones, las bicicletas, las motos y los taxis.

Hay que escuchar a los expertos. Diversas organizaciones han lanzado iniciativas que deben discutirse y votarse, como el Instituto de Políticas para el Transporte y el Desarrollo. México es un país con una gran capacidad tecnológica, si empleamos la jurisprudencia para abrirles camino a las nuevas concepciones en el transporte podemos avanzar.


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