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Críticas al Programa Nacional de Derechos Humanos

      
Autor: DFAT photo library  |  Fuente: Flickr

El Programa de Derechos Humanos de la Universidad Iberoamericana, establecido en 1998 para incidir en la creación y consolidación de una cultura de derechos humanos, comparte su punto de vista sobre las contradicciones contenidas en el Programa Nacional de Derechos Humanos, dado a conocer a la opinión pública el pasado 25 de junio.

 

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Publicado en el Diario Oficial de la Federación el 30 de abril de 2014, el Programa Nacional de Derechos Humanos representa la materialización de la política oficial sobre la materia de la actual administración.

El programa tiene un carácter especial, es decir, que debe adecuarse a las prioridades del Plan Nacional de Desarrollo (PND) y debe contribuir al cumplimento de los objetivos estratégicos de los programas sectoriales.

En este punto se sigue la normativa vigente (que limita la vigencia de programas derivados del PND al sexenio en turno) y la tradición de los anteriores programas de derechos humanos, lo que ubica al programa en la jerarquía jurídica por debajo de una ley federal.

Esto entra en contradicción con la reforma constitucional en materia de derechos humanos, que les asigna una jerarquía equiparable a la Constitución, y con el propósito expreso de la administración de generar una política de Estado de derechos humanos, que en el programa se define por la articulación de los diversos poderes, pero no por su trascendencia más allá del periodo sexenal.

Más que una “política de Estado” como lo señaló ayer el presidente Enrique Peña Nieto, parece apostarle a un efecto dominó o avances por imitación, pues por lo menos con relación con la realización de previsibles programas de las entidades federativas, tanto en su creación (quién sabe cuándo ni cómo) como en su alineación con el PNDH (como se pueda) no se señaló alguna forma de colaboración, sobre todo formal y con apego a una legalidad.

El reconocimiento descriptivo de violaciones sistemáticas de derechos humanos por el Estado, tortura, desaparición forzada, tratos crueles, inhumanos y degradante, la discriminación y violencia estructural hacia las mujeres, los graves crímenes y degradación constante de los migrantes, etcétera, no significa que el PNDH cuente con un diagnóstico crítico y fundamentado de la realidad de los derechos humanos en México, como se dijo en el acto; lo que se presenta está muy lejos de ello.


Los objetivos propuestos en el programa son:

-Lograr la efectiva implementación de la reforma constitucional de derechos humanos
-Prevenir las violaciones de derechos humanos
-Garantizar el ejercicio y goce de los derechos humanos
-Fortalecer la protección de los derechos humanos
-Generar una adecuada articulación de los actores involucrados en la política de Estado de derechos humanos
-Sistematizar información en materia de derechos humanos para fortalecer las políticas públicas

Cuando se examinan las estrategias y líneas de acción en que se especifican esos objetivos, vemos que es el quehacer ordinario de las diferentes ramas de la administración el que tiene que hacer efectivos los derechos, mientras que los objetivos, estrategias y líneas de acción del PNDH están orientados sólo a crear herramientas que permitirían la transversalización e institucionalización del enfoque de derechos humanos.

La mayoría de las líneas de acción se enfocan por tanto a procesos que podría comenzar a dar resultados a finales de la administración: la coordinación entre instituciones, establecimiento de mecanismos de participación, armonización legislativa, etc. Sin embargo, la gran cantidad de tareas propuestas en este sentido permiten temer que el proceso se burocratice. Sólo algunas de las acciones podrían tener un impacto directo en el cumplimiento de derechos humanos, como las relacionadas con la formulación de mecanismos de reparación del daño y atención a víctimas.

En otras palabras, son tantas líneas de acción con especificidades distintas y operando al mismo tiempo, en un contexto estructural y humano, en el mejor de los casos, de bajo conocimiento de la problemática de los derechos humanos; personas inmersas en una dinámica de capacitarse al mismo tiempo de ya necesariamente saber bien lo que están haciendo: suena a confusión burocrática.

Queda pendiente la cuestión nada intrascendente de quién finalmente evaluará los logros del PNDH en cuanto al ejercicio efectivo de los propios derechos. La Comisión de Política Gubernamental en Materia de Derechos Humanos no ha sido reformada (salvo que la secretaría técnica pasó de la anterior Unidad para la Promoción y Respeto de los Derechos Humanos a una nueva dirección general y alguna reestructuración de las subcomisiones), lo que abre paso a que nuevamente termine siendo el organismo gubernamental que califique el cumplimiento de los derechos humanos.


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