Saturday :: 30 / 08 / 2014

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Noticia : educación superior

Preocupa falta de valores en jóvenes a instituciones de educación superior

Apatía, desinterés, conformismo, poca solidaridad y escaso compromiso con la sociedad, son una problemática que las instituciones de educación superior han abonado por no contar con instancias adecuadas para impulsar los valores en los universitarios


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Preocupa falta de valores en jóvenes a instituciones de educación superior

Preocupa falta de valores en jóvenes a instituciones de educación superior

Sólo 10 por ciento de los jóvenes están interesados en la política, cuatro de cada diez reconocen la importancia de una sociedad cohesionada; apenas 5 por ciento participan en organizaciones cívicas o de servicio comunitario
No es que no existan los valores, sino que la percepción de éstos entre los universitarios no es tan clara y contundente

Sólo 10 por ciento de los jóvenes están interesados en la política; cuatro de cada diez reconocen la importancia de una sociedad cohesionada; apenas 5 por ciento participan en organizaciones cívicas o de servicio comunitario. Ése es el rostro de la juventud y el reflejo de sus convicciones

Apatía, desinterés, conformismo, poca solidaridad y escaso compromiso con la sociedad, ésa es la radiografía de los jóvenes universitarios y ésa es una realidad a la cual las instituciones de educación superior también han abonado por no contar con instancias adecuadas para impulsar los valores entre la juventud.

Así lo reconocen los rectores. Entre los jóvenes hay poca predilección por temas como la democracia, la participación ciudadana, la transparencia, la fraternidad y el deber con los sectores sociales más débiles.

Se trata, explican, de un renglón en el cual han fallado las instituciones de educación superior. Pero también es parte de una sociedad que adolece de instrumentos adecuados para formar ciudadanos comprometidos y responsables.

Sólo 10 por ciento de los jóvenes están interesados en la política, cuatro de cada diez reconocen la importancia de una sociedad cohesionada; apenas 5 por ciento participan en organizaciones cívicas o de servicio comunitario. Ése es el rostro de la juventud y el reflejo de sus convicciones.

Y ahí las universidades públicas no han sido capaces de dar a los jóvenes las herramientas útiles para enfrentarse a dilemas éticos propios de su profesión y de su papel como ciudadanos. Una tarea pendiente.

Y aunque las instituciones se han preocupado por incidir en estos aspectos, y saben que no son las responsables directas del perfil juvenil ni las instancias exclusivamente transmisores de valores, expresan su preocupación ante a una problemática que no las exime de su responsabilidad en la configuración de ciudadanos.

En ese sentido, coinciden, ya no es suficiente con brindar a los estudiantes los conocimientos necesarios para su desarrollo profesional. En la actualidad, el entorno social, la desintegración familiar, los retos de la globalización y las nuevas tecnologías implican ofrecer a los jóvenes valores adicionales a su formación académica.

¿Qué pueden hacer las instituciones de educación superior ante estos problemas? Esa inquietud tiene que discutirse a fondo y las universidades públicas deben enfocarse aún más en establecer los caminos adecuados para potenciar los valores entre los universitarios.

LOS NÚMEROS HABLAN

En las encuestas más recientes de valores y de cultura política, sólo la mitad de los jóvenes se identifica y valora la democracia y sólo 5 por ciento de los jóvenes participan en organizaciones cívicas o de servicio comunitario.

Este mismo dato, al compararlo con otros países, se observa una marcada diferencia, con 25 por ciento en Colombia, 33 por ciento en Chile y 50 por ciento en Estados Unidos. Por ello, Enrique Cabrero Mendoza, director del Centro de Investigación y Docencia Económica (CIDE), sostiene que esa información llama la atención porque los jóvenes que nacen en un proceso de democratización, con todos los problemas relacionados con dicho estado, tampoco están impactados por ésta.

“Eso llama la atención porque significa que traemos un déficit ahí, sobre todo, cuando uno compara esos datos con las respuestas de jóvenes en otros países, donde claramente la identificación y la valoración de la democracia se va más arriba”, explica.

Precisa que cuando hablan de democracia, únicamente se involucran en procesos electorales, aunado a que sólo 10 por ciento estarían interesados en política, entendida ésta como promover causas, valores, transparencia o reuniones comunitarias.

Quizá por ello, sólo cuatro de cada diez jóvenes reconocen la importancia de una sociedad cohesionada, lo cual refleja que, evidentemente, hay una crisis de valores global para los jóvenes.

“En México tenemos un déficit enorme en la capacidad de construir valores en lo que es solidaridad, valores de involucramiento político y de participación. Creo que en el sistema educativo, en su conjunto, hemos fallado; desde la familia, pero claramente el sistema de educación superior todavía tiene una tarea muy grande”
, advierte.

Y es que, como profundiza Cabrero Mendoza, cuestiones como el apego a la norma, la cultura de la legalidad, deben ser más impulsadas y desarrolladas en los jóvenes universitarios.

“También ahí hay datos alarmantes. Casi 50 por ciento de la población, y no sólo de los jóvenes sino de la población del país, considera que cuando las leyes no sirven no hay que respetarlas, sino transigirlas, porque no sirven. Es decir, nuestra cultura de la legalidad es muy baja.

“Eso empieza en todos los medios, ya lo sabemos, en el padre que transmite el valor, pero le da su mordida al policía; en el profesor que transmite el valor en el discurso, pero flexibiliza el cumplimiento de los valores cuando se sale de clase”,
señala el director del CIDE.

Por ello, uno de los grandes retos para una institución de educación superior es encontrarse con jóvenes que modifiquen sus opiniones sobre la vida pública, en general como ciudadano.

“Nosotros, como instituciones de educación superior, hay que decirlo y reconocerlo, somos estructuras y cultura institucional en la cual no estamos, en principio, preparados para la formación de ciudadanos responsables, solidarios y comprometidos con un sistema democrático transparente”, comenta.

Se trata, dice, de instituciones que acarrean vicios de la sociedad de la cual están queriendo escapar. Es decir, no pueden presentarse como instituciones puras, capaces con su ejemplo de contagiar a los jóvenes tan desencantados de dichos valores.

“Debemos reconocer como instituciones que se nos impone una transformación profunda, la cual empieza por una reflexión en términos de la responsabilidad de la enseñanza, aprendizaje y del papel que la institución educativa está jugando en la sociedad.

Es muy difícil convencer a un alumno que profese o acepte nuevos valores, cuando en realidad la institución está ajena a la discusión, a los grandes problemas. Por eso, creo debemos refugiarnos en el ejemplo”
, señala Cabrero Mendoza.

Una situación, en suma, que parte de un país que adolece de todo lo que permea en los jóvenes, pues se trata de una “sociedad apática, poco responsable en términos de ciudadanía y por ello es muy complicado para las instituciones educativas transformarnos”.

Cuando menos, apunta el director general del CIDE, las universidades deben ser capaces de crear las condiciones para generar un aprendizaje entre los jóvenes, para que dicho proceso consolide poco a poco algunos de estos valores.

LAS LIMITACIONES Y LA RESPONSABILIDAD


Mario García Valdez, rector de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí
(UASLP), afirma que si bien las universidades públicas no pueden pensar en un método formal para establecer la enseñanza de valores entre los jóvenes universitarios, debe haber un propósito más claro de transmitir aquellos compromisos que deben permear a la sociedad.

“A nuestros egresados se les da mucha prioridad al tema del conocimiento, y luego ese egresado, que puede ser muy bueno, cuál comportamiento social tendrá, cuál es su desempeño ante a los grandes temas de actualidad a través de la pluralidad o la diversidad, si tiene una conciencia clara del respeto a las formas diferentes de pensar o de ser”
, explica.

Por ello, comenta García Valdez, hace falta mayor énfasis, pues se requiere de un trabajo más estructurado en el ámbito de la educación superior de lo que hasta ahora se ha hecho.

No es que no existan los valores, sino que la percepción de éstos entre los universitarios no es tan clara y contundente.

“Creo que es una de las cosas que nos está faltando; eso debe ser materia de preocupación y ocupación”, comenta el rector de la UASLP.

Por su parte, Mario Alberto Ochoa Rivera, rector de la Universidad Autónoma de Coahuila y presidente del Consorcio de Universidades Mexicanas (Cumex), dice que para impulsar de manera más decidida los valores entre los universitarios, en principio, se debe plantear de qué manera la globalización ha impactado en la formación de éstos y cómo se inculcan en los estudiantes.

“Los valores difícilmente los podremos incorporar como parte de una curricula. Los valores hay que vivirlos, por ello, debemos incorporarlos a programas integrales en las instituciones, para que permitan a los estudiantes entrar en contacto con una realidad social y esto nos ayude a formar en ellos valores que nos interesan”
, explica el rector de la UA de C.

Incluso, el presidente del Cumex habla de incorporar a los padres de familia en este proceso, aun cuando se trate del nivel superior en el cual, aparentemente, ya no hay una participación directa de la familia en el desarrollo académico de los universitarios.

“Hasta hace muy poco era raro encontrar en las universidades públicas reuniones con padres de familia. Hoy, creo que muchas instituciones lo estamos haciendo porque vemos la necesidad urgente de apuntalar esos valores de la familia y orientarlos ante una problemática social de violencia, de inseguridad, que existe en el país”, asevera.

El otro aspecto a trabajar, añade Ochoa Rivera, es fortalecer los valores cívicos de los estudiantes universitarios, porque las instituciones de educación superior deben acercar a los jóvenes a esa realidad y a esa diversidad social que no pueden hacer a un lado y caer en la indiferencia.

“No le puedo enseñar al muchacho las necesidades que tiene una familia para sobrevivir en este país si no lo llevo a que conozca, conviva y viva la realidad social de la cual le hablo. Por eso, los programas de servicio social y las prácticas profesionales deben promover patrones que tienen relación con la convivencia, con la democracia y que éstos incidan directamente en valores para el desarrollo”, considera.

Sin embargo, apunta el rector de la UA de C, los esfuerzos hasta ahora son pocos, aunado a que de nada sirve explicar a los jóvenes la necesidad de médicos que tiene el país, por ejemplo, en muchas áreas rurales, indígenas, si los alumnos que estudian medicina piensan trabajar en las grandes concentraciones urbanas.

Desgraciadamente, explica, son valores relacionados con el éxito, con la superación personal, pero que no establecen correspondencia con la falta de compromiso e interés de los jóvenes universitarios y que no quieren asumir.

SÓLO PARTE DE LA SOLUCIÓN


Rafael López Castañares, secretario general ejecutivo de la Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior (ANUIES), enfatiza que si bien en este nivel educativo se transmiten conocimientos y habilidades para la solución de problemas, así como ciertas pautas de conducta y comportamiento ligadas básicamente a la ética profesional de cada uno de los egresados, no transfieren valores en esencia.

“La educación superior no se puede asumirse plenamente como una instancia transmisora de valores, pues cuando los jóvenes llegan a cursar estudios de nivel superior ya cuentan con una gran cantidad de valores, principalmente del hogar”, explica.

Sin embargo, dice, sí son fundamentales y tienen una responsabilidad muy importante porque la educación superior, en el tema de valores humanos y sociales, debe ser pertinente, pues la sociedad, lejos de la retórica, necesita de profesionistas capaces de transformar y construir escenarios con equidad y justicia.

“Esto —como parte de la identidad institucional que forma al individuo en el respeto a la tolerancia y la diversidad de ideas — es algo fundamental que a veces la vorágine les llega a través de la televisión, los periódicos, etcétera; los desconcierta una situación que nos lleva decir ‘dónde quedan los valores ’, esa ética a la cual generalmente estamos acostumbrados”
, sostiene.

Para López Castañares la principal tarea de las universidades e instituciones de educación superior del país es asumir esa realidad y buscar las alternativas para reforzar, desde ese nivel educativo, los valores y retomarlos.

“Las instituciones estamos hechas para salir adelante ante los problemas, gracias a los diferentes niveles de educación; gracias a la participación; gracias a que somos iguales, públicas, privadas o tecnológicas, y buscamos el mismo objetivo: formar cuadros de calidad para sacar adelante a nuestro país”,
comenta.



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