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Editan mapa de la cultura gay en México

      
Los compiladores Miguel Capistrán y Michael Schuessler. Foto: Sara Escobar
Los compiladores Miguel Capistrán y Michael Schuessler. Foto: Sara Escobar
Algunas de las principales aportaciones que creadores de orientación gay han dejado a la cultura mexicana se reúnen en una serie de ensayos compilados por Miguel Capistrán y Michael K. Schuessler, donde se da cuenta de su paso por la literatura, la cinematografía, la danza o el teatro a lo largo del siglo XX y lo que va del XXI.

México se escribe con J. Una historia de la cultura gay (Planeta, 2010) es el título del volumen, en el cual se conjugan textos de Carlos Monsiváis, Salvador Novo, Braulio Peralta, Luis Zapata, Teresa del Conde, Álvaro Cueva o José Joaquín Blanco, por mencionar a algunos, con la intención de mostrar su producción cultural y, en especial, sus contribuciones.

“Es un espejo donde somos reflejados y nos reflejamos al mismo tiempo”, asegura Michael K. Schuessler, uno de los coordinadores de la publicación: “Existen tantas expresiones literarias, plásticas, teatrales, cinematográficas y había que reunir toda su producción, para que un lector gay o heterosexual pudiera darse cuenta de una manera un poco enciclopédica de esta gran contribución”.

Ello, porque si bien en las librerías se podían encontrar novelas o poemarios escritos por homosexuales o con esa temática, no se había hecho un estudio concertado que reflejara “las grandes contribuciones a la cultura hecha por seres de otra orientación sexual”.

Por medio de su propia subjetividad y sus deseos y sus preocupaciones estéticas e ideológicas, los gays mexicanos han podido aportar a la cultura mexicana y universal; en el caso de algunos de los integrantes del grupo de Los Contemporáneos, como Salvador Novo o Xavier Villaurrutia, por ejemplo, cuya estética y manera de percibir al mundo y a otros seres humanos se ve reflejado a través de su obra.

“La insistencia, desde hace siglos, de marginar al homosexual y plantearlo como un ser más que diferente: monstruoso o perverso, ha creado un rechazo y una negación de la posibilidad que tiene un personaje gay de dedicarse a lo mismo que cualquier miembro del resto de la sociedad”, en palabras del investigador Miguel Capistrán, otro de los coordinadores del libro.

Lejos del escarnio

El libro no explora las aportaciones de todos los homosexuales de todos los tiempos, sino más bien la manera en que se ha representado su interpretación del mundo en México, con lo que al mismo tiempo se nota el avance logrado en la sociedad mexicana en general en torno al movimiento gay.

Ahora, en vez de hablar en clave, en la poesía se celebra o se menciona un amor que antes no se atrevía a decir su nombre, siendo la idea de México se escribe con J tomar los múltiples adjetivos creados para definirlos y reflexionar desde su propia perspectiva.

“Sigue la pauta de muchos movimientos para tratar de reivindicar todo lo que se ha hecho, no nada más para reflejarnos a nosotros, sino para decírselo a los demás”, explica Schuessler, catedrático de la Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Cuajimalpa.

“Así, por ejemplo, se debe hablar de un gran escritor que también es gay, aunque para llegar al reconocimiento y a la celebración hubo que unir todas las aportaciones en un solo lugar, para que puedan ver que nosotros sí pertenecemos a las grandes ligas de la cultura”, de acuerdo con Michael K. Schuessler.

Quizá el único punto en el que difiere Miguel Capistrán, para quien no es necesario hacer esas diferencias, porque finalmente se trata de obras creadas por seres humanos: “El avance que ha habido en la sociedad es que ya se están dejando atrás muchas de las concepciones: una obra, sea del género al que pertenezca, ni se minimiza ni se magnifica por el hecho de que su creador sea o no gay”.

Otros tiempos para el movimiento

México se escribe con J tiene su punto de partida, por lo menos su momento de explosión, con el texto que publicara, en 1975, Miguel Capistrán en torno a la mítica redada de los 41: en 1901 fueron aprendidos 41 individuos, 19 de ellos vestidos de mujer, en la calle de La Paz, hoy conocida como Ezequiel Montes.

A partir de ahí, sobre todo luego del imaginario construido por la obra de José Guadalupe Posada, se comenzó a relacionar a los homosexuales con el número 41, dentro de una representación que pasó a otras manifestaciones.

Literatura, poesía, teatro, cine, artes plásticas, video, música, televisión, vida social y derechos humanos son algunos de los aspectos recuperados en el volumen, el cual no hubiera sido posible en otro momento histórico, destacó Michael Schuessler.

“Ahora y en la Ciudad de México tenemos casi los mismos derechos legales que tiene los heterosexuales, algo que hace casi dos años no existía, sólo las sociedades de convivencia, pero no permitían, por ejemplo, la adopción.



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