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Leticia Tarragó, mujer surrealista artífice de su propio universo

      

16/02/2005

Reflejo de estas voces populares es la mágica plástica de Leticia Tarragó. De ella, hay quien ha escrito que su obra podría ser un símil con la de Gabriel García Márquez, lo que el colombiano expresa a través de sus palabras, la orizabeña lo manifiesta en imágenes.

Pero no todos son sensibles ante las historias sencillas, desgraciadamente –así lo considera la pintora–, los medios de comunicación optan por el amarillismo, generando una especie de ansiedad en la gente, que desgraciadamente deja de observar su entorno.

Preocupada y ocupada por la influencia de los medios en la niñez y la pérdida de los valores estéticos en la educación media y básica, la investigadora de la Universidad Veracruzana participa en proyectos que sumarán los esfuerzos de instituciones como la UV, el Instituto Veracruzano de Cultura ( Ivec ) y la Secretaría de Educación y Cultura (SEC) buscando la sensibilización de los maestros en la enseñanza de las artes y los niños de Veracruz amplíen su capacidad de percibir el arte.

Entrevistada en su casa –armoniosa construcción de suaves formas donde la naturaleza literalmente es pieza clave de este rincón de tranquilidad y armonía– la maestra Tarragó habla de las mujeres mágicas de su obra, pero también de sus influencias y de su gran colega, el también pintor Fernando Vilchis quien fuera en vida, además de su compañero sentimental, cómplice de mil batallas.

Ahora, luego del sensible fallecimiento de Vilchis, Tarragó vive en un compás de espera, reestructurando su vida en pos de un nuevo renacer, de una vida con otro rumbo.

Sus primeros trazos y su actual esplendor

"Desde niña tuve la afición por el arte que siempre nos encausaron a mi y a mis hermanos" dice Tarragó quien de manera formal estudia en La Esmeralda donde fue alumna de Gerardo Murillo. De la influencia que tuvo el mejor conocido como Dr. Atl en su obra, la pintora la califica como 100 por ciento formativa.

"El era una persona con mucha energía, a pasar de que le faltaba una pierna, desarrollaba su actividad de manera única. Yo disfrutaba mucho de su compañía porque lo acompañaba a sus excursiones pictóricas. Recuerdo que llevaba sus grandes lienzos al Tepozteco, al Ajusco y ahí pintaba."

Inspirada por las historias de fantásticas de su tierra y las mujeres que siempre la han rodeado poco a poco, Leticia Tarragó creó las mujeres tan maravillosas que caracterizan su obra y que se han vuelto una especie de sello en su trabajo. Estas mujeres son parte de su mundo, son sus hermanas, hijas, familiares y ella misma.

Optando por el surrealismo, mezcla elementos cotidianos confeccionando un mundo mágico con animales fantásticos y arquitectura imposible que existe, no sólo en su imaginación: "Este mundo existe. Aunque lo que llamamos ‘mundo real' está plagado de cosas horribles porque desgraciadamente los medios de comunicación masivos optan por el amarillismo, generando una especie de ansiedad y la gente que desgraciadamente deja de observar lo bella que es la vida".

Del problema de la educación en el arte

Gran preocupación siente la pintora por los niños que cada vez están más influenciados por la televisión y las computadoras. A pesar de ser un adulto, Tarragó no ha dejado de ejercitar su imaginación, fuente inagotable de su magia, no deja de ver el mundo como si tuviera ojos de niño.

"En Xalapa tenemos la fortuna de tener escuelas como el Centro de Iniciación Musical Infantil (CIMI) donde los niños desde pequeños aprenden música, pero en general no hay una sensibilidad por parte de las autoridades ante la capacitación artística en los niveles educativos básicos".

Considera que es muy fácil quejarse de que los niños no leen o que solo ven la televisión, pero los mismos maestros son casi analfabetos. Para la artista, los padres no son quienes tienen toda la responsabilidad, la escuela también debe sensibilizarlos a la cultura.

Adscrita al Instituto de Artes Plásticas, Tarragó percibe una deficiencia en el aprendizaje de las artes por parte de los adolescentes a quienes instruye. Menciona que el hecho de que hasta los 18 años se pueda acceder a una escuela de arte, es algo tarde y se pierde mucho el talento.

"Deben tener actividades artísticas aunque no se dediquen a la plástica, privilegiando éstas como parte integral de la vida de cada uno. Al no contemplar esto en la enseñanza media, cuando el estudiante ingresa a la Facultad de Artes Plásticas si tiene una desventaja porque ignora muchas cosas básicas".

Sobre el papel que funge la UV como generadora de las artes y difusora del conocimiento artístico la maestra menciona que el problema radica en la centralización de la educación universitaria que no tiene impacto real entre jóvenes y niños.

"Lo que hace falta es una vinculación mayor entre la propia UV y la SEC quienes a través de proyectos conjuntos hagamos propuestas para poner la educación artística en un mejor nivel".

Como académica de la UV añade que el quehacer artístico es una disciplina: "la inspiración llega a través de la disciplina y no al revés. Si uno no esta metido en lo que está metido, difícilmente va a lograr algo de pronto, las cosas no se dan así de forma espontánea, es todo un camino que hay que recorrer".

Añade también que si hubiera una educación temprana hacia las artes, habría un verdadero mercado y la gente iría más a las exposiciones y a los conciertos: "Es poca la gente que tiene un interés genuino en las conferencias o exposiciones, los que participan siempre son los mismos y esto no debería ser así".

La gran creadora

¿Quién puede decir cual es la aportación que Leticia Tarragó ha hecho a la plástica en México? Nadie, ni siquiera ella misma quien simplemente ha tratado de dejar algo en quienes la conocen a través de su obra. Su intención es solo que la gente la disfrute, sin más.

El trabajo de la maestra es atesorado por muchos y desde hace mucho tiempo. Hay quienes coleccionan las portadas de los discos de los Hermanos Rincón o las ilustraciones a los cuentos de la Enciclopedia Colibrí que publicaba la SEP o la revista Tramoya: "Me sorprende mucho encontrar a alguien que guarde y atesore estas publicaciones, esta es la mayor satisfacción como artista, que es como plantar una semilla en los demás".

Su nombre se conoce y reconoce en el mundo artístico internacional. Pero sobre si se asume como una mujer destacada en el arte, ella –con sincera modestia– dice que no, pero que es algo que tampoco se cuestiono realmente.

"El que uno destaque es porque uno ha estado ahí todo el tiempo haciendo su trabajo. Sería un fracaso total si después de tantos años de trabajar en lo mismo que no nos salieran las cosas bien. Porque no es un esfuerzo, es una actividad continua, no hacerlo bien sería el colmo y pues todo da frutos, en este caso que la obra tenga un cierto reconocimiento. Pero hasta ahí, no es algo que yo esté ansiosa de ser reconocida".

Sin ahondar mucho en el tema, el mercado del arte en el país se vislumbra difícil cuando la gran mayoría de las personas tienen el dinero suficiente para satisfacer sus necesidades básicas. La gran influencia norteamericana en nuestra cultura refleja que es más común comprar productos hechos en serie.

Éste nuevo panorama también repercute en la manera como se mueve la obra de la veracruzana: "Antes yo viajaba a Nueva York porque me gustaba ir a ver lo último que había en el arte y ahora ya no lo puedo hacer. El consumismo ha manipulado los gustos de la gente que antes se gozaba más de comprar un grabado o un cuadro".

Abundando en el tema, menciona que en Estados Unidos es diferente porque si comprenden el valor que tiene el arte y sienten respeto por los creadores: "Yo tengo allá muchos más clientes que aquí. Ahora la gente compra cosas por catálogo, cosas que rápidamente pierden su valor y que apuntan más hacia la artesanía. La mercadotecnia engancha fácilmente a los compradores quienes consumen por estatus".

Pero si de vender se trata, Leticia Tarragó ha sabido diversificarse. Poner su obra al alcance de mucho público, sea con cojines bordados, con cerámica o sus litografías: "Soy parte de la comunidad universitaria y me gusta compartir mi obra con la comunidad de la que formo parte, con mis colegas. Es por eso que hago obra más accesible. Primero porque me gusta y también porque me divierte hacer cosas más fáciles de mover. Me gusta viajar, soy muy inquieta y gasto mucho en materiales, por eso es que trato de vender más".

Leticia la mujer, hoy

Hay un tema que se antoja obligado y es su esposo, el extinto pintor Fernando Vilchis. De su amor cimentado en una sólida amistad, la pintora dice con tranquilidad que él fue muy importante en su vida. "Nosotros nos conocimos desde que aprendimos a hacer grabado allá en La Ciudadela. Y fuimos muy amigos siempre, lo que existió primero entre nosotros fue la amistad y siempre seguimos siendo amigos".

Influencia realmente no hubo –asegura–, lo que sucedió es que al dedicarse los dos a lo mismo y tener los mismos intereses la pasaban realmente muy bien juntos. Viajaban mucho, trabajan mucho, iban y venían juntos: "Y como se puede ver, nuestra obra es totalmente diferente, no tiene influencia en lo absoluto. De hecho el al final él le dio más a la universidad, le gustaba más el que se dieran bien las cosas a través de la promoción artística. Y yo me he dedicado más a hacer mi obra".

Mujer activa –hiperactiva tal vez– Leticia Tarragó vive actualmente una nueva etapa: "Estoy muy contenta porque una vez más está Esther Hernández Palacios en el Ivec y me ha dado la oportunidad de estar cerca de ella participando en la actividad cultural. Justamente porque todas estas inquietudes que he tenido de implementar la educación artística en los niveles educativos básicos".

Por ahora no planea exponer porque se está dando un tiempo para ella. No deja nunca de hacer obra, pero no quiere compromisos: "Después de una muerte de Fernando tengo que recomponer muchas cosas y estoy abriendo otra puerta. Lo que quiero es tranquilidad para pintar y regresar en una nueva mujer".

Algo de su trayectoria

Leticia Tarragó nace en Orizaba, Veracruz; es una de las artistas plásticas más destacadas de México. Pintora y grabadora, envuelve su arte fresco y novedoso que halaga los sentidos. Nítidos trazos y figuras de ensueño transportan por un mundo de color y formas.

Educada en México y Polonia, la ex discípula de Silvia Santamaría y del Dr. Atl ha trabajado en Holanda, Suiza y Estados Unidos. Fue fundadora, junto con Fernando Vilchis, del taller de grabado de la Universidad de Oaxaca y desde 1980 es investigadora del Instituto de Artes Plásticas de la Universidad Veracruzana.

Fuente: Universidad Veracruzana



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