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Desigualdad social y frustración personal fomentan la violencia intrafamiliar

      
Desigualdad social y frustración personal fomentan la violencia intrafamiliar
Desigualdad social y frustración personal fomentan la violencia intrafamiliar
Golpes, insultos, amenazas, chantajes y abuso sexual parecieran la descripción de una película de corte violento más que la de un hogar; sin embargo, el maltrato en contra de la pareja, los hijos y los abuelos se ha convertido en un tema cotidiano. Para la Dra. María Elena Sánchez Azuara, del departamento de Sociología de la UAM Iztapalapa, el actual modelo de marginación social y desigualdad económica ha contribuido al incremento de la violencia intrafamiliar, aseguró en entrevista para Universia.

A pesar de que las personas que ejercen la violencia intrafamiliar recurrentemente coinciden por haber tenido una infancia carente de cariño y atención, situaciones como la falta de trabajo o un contexto social y laboral violento, acentúan este comportamiento. “La forma en la que está distribuida la riqueza en la sociedad, para unos mucho, para otros nada, es una forma de violencia. Los modelos actuales son modelos de violencia”, dice la académica, “la primera violencia social que se vive es la marginación; entonces, quien no tiene trabajo o quien experimenta la violencia en sus relaciones laborales, en sus relaciones intrafamiliares de alguna forma la va a manifestar”.

La violencia familiar, según la Dirección de Atención y Prevención de la Violencia Familiar, es cualquier acto de poder cuyo objetivo es ejercer un dominio absoluto sobre cualquier integrante de la familia, y existen tres tipos de maltrato: el físico, el psicoemocional y el sexual. En la Ciudad de México, según la dependencia, 96 de cada 100 personas que viven violencia, dentro o fuera del núcleo familiar, son mujeres, ya sea por una relación de parentesco o consanguinidad, o por alguna relación civil, matrimonio, concubinato o una relación de hecho.

Según el Informe Mundial sobre la Violencia y la Salud, de la Organización Mundial de la Salud (OMS), a pesar de que las mujeres pueden agredir a sus parejas masculinas y también se dan actos violentos en parejas del mismo sexo, la violencia de pareja es soportada en proporción abrumadora por las mujeres e infligida por los hombres; encuestas de todo el mundo revelan que entre el 10% y el 69% de las mujeres han sido agredidas físicamente por una pareja masculina en algún momento de sus vidas.

“Históricamente el papel asignado a la mujer es de subordinada al hombre. Aún cuando ha habido cambios, los valores hegemónicos siguen siendo los valores masculinos, y aún cuando también se da la violencia de la mujer hacia el hombre, el mayor número de ejercicio de violencia es del hombre, porque es lo que ha sido socialmente legitimado”, afirma la académica. Desde la infancia, al niño se le asignan atributos que fomentan esta conducta y a la niña el modelo de princesa, sumiso y tierno, lo que contribuye a que la violencia en contra de las mujeres sea mayor, agrega.    

Por otra parte, en el mismo informe de la OMS se indica que en el 2000 se produjeron aproximadamente 57,000 homicidios de niños, siendo los de edades comprendidas entre 0 y 4 años los que corren mayor riesgo. Las víctimas de maltrato no mortal y de abandono son mucho más numerosas y aproximadamente el 20% de las mujeres y el 5%-10% de los hombres han sufrido abusos sexuales durante la infancia.

La violencia hacia los hijos, física o simbólica, continúa Sánchez Azuara, en muchos casos está relacionada con la forma en la que el infante fue concebido, si la madre sufrió abandono, es soltera o tuvo un embarazo prematuro, ya que el pequeño puede simbolizar para ella un obstáculo para su realización; en el caso del niño, la violencia podría acentuarse si tiene algún parecido con la pareja que la abandonó. “Esa madre puede tratar con violencia a ese niño que no fue un niño deseado, sino que fue fruto de una relación que no le proporcionó ninguna satisfacción y que llegó en un momento inoportuno. Entonces, va a ser una relación agresiva y violenta”.

La violencia simbólica aparentemente es una relación de afecto de los padres hacia los hijos, sin embargo, los mensajes que se transmiten denotan lo contrario, comentarios como “para qué te tuve”, o hacerle sentir como problemático y como el que siempre hace quedar mal, agrega la investigadora.  

Es difícil que una familia afectada por la violencia y que no pide ayuda pueda involucrarse en un proceso de transformación, explica la especialista, por eso es importante la intervención social que ofrezca atención al tema, independientemente de la demanda, porque eso motivará a las familias que han vivido la problemática como algo natural, a que se acerquen y tengan posibilidad de cambio.

A nivel personal, es importante que la persona violenta identifique cuál es la fuente del malestar que lo lleva a desquitarse con el más débil, que en el caso de la familia es el niño, la pareja, o los ancianos (mundialmente entre el 4% y el 6% sufre algún tipo de maltrato en el hogar). Para los menores víctimas, dice la académica,  se debe generar un espacio de juego que favorezca su espontaneidad y creatividad, se les debe escuchar y brindar afecto, una necesidad básica en el ser humano.

Al ser la violencia una problemática mundial que se acrecienta cada día, Caracol de Plata, A.C., con la colaboración de Universia, Microsoft y FELAFACS, convoca a los estudiantes de todas las carreras de las escuelas profesionales y universidades públicas y privadas de Iberoamérica a participar en la VIII Edición de su Reconocimiento Universitario, con el tema Prevención de la Violencia. Las categorías en las que puedes participar son televisión, cartel/afiche, medios alternativos y medios digitales, los mensajes se recibirán hasta el 30 de septiembre de 2011, para mayores informes sobre el concurso, puedes dirigirte a la página http://caracol.universia.net.mx/gal.php.


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