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Una investigación afirma que la ideología está determinada por el cerebro

      
Fuente: Universia
La ideología es, para las Ciencias Sociales, el conjunto de emociones, ideas y creencias colectivas que pueden aplicarse a distintas áreas, como la política, la económica, la religiosa, la medioambiental o la social, entre otras.


Hasta ahora, las teorías más fuertes han sostenido que la ideología de una persona era marcada por las tradiciones familiares o la influencia de los grupos de pares (entre otras); pero al parecer, la ideología política podría estar condicionada por el cerebro.


Esto es lo que sugiere un reciente estudio realizado por neurólogos investigadores de la Universidad de Grenoble Alpes (UGA) de Francia en conjunto con el Instituto Queensland cerebro (QBI) de Australia y publicado recientemente en la revista especializada “Journal of Neuroscience”.


El estudio, que contó con investigadores de Francia, Estados Unidos, Reino Unido, Bélgica, España, Suiza y Australia, sugiere que existen diferencias sustanciales en el cerebro de quienes tienen un pensamiento conservador (vinculado al cerebro arcaico) de quienes tienen un pensamiento progresista (más vinculado al cerebro más evolucionado); por lo que se podría detectar la orientación política de una persona a través del análisis de su cerebro.


Así, la amígdala cerebral, una zona del “cerebro arcaico”, es más grande en los políticos conservadores; mientras que el córtex cingulado anterior, la parte evolucionada del cerebro, está más desarrollado en los progresistas. Para realizar este estudio neurocientífico se cartografiaron miles de millones de neuronas y se observó la plasticidad del cerebro, viendo que los conservadores reaccionan más a los estímulos negativos, mientras que los progresistas a los positivos.


En el artículo emitido por la Universidad al respecto de esta investigación, se explica que el cerebro es como un músculo; y dependiendo de la actividad, diferentes zonas se activan y con el tiempo pueden aumentar o disminuir la densidad (por génesis o reducción de las conexiones sinápticas).


Este tipo de investigaciones neurocientíficas han aumentado después de los atentados terroristas ocurridos en Francia y otros países; con metodologías que se están aplicando a nivel europeo para el mantenimiento de la paz en el marco de la lucha contra el terrorismo, detección y prevención de personas radicalizadas.


El responsable del estudio, profesor de psicología y neurociencia social en UGA, Martial Mermillod, advierte contra el estigma y la interpretación de los datos de su investigación: “Esta batalla entre nuestros viejos demonios (miedo, deshumanización) que proceden de las zonas cerebrales primitivas, contra las zonas más evolucionadas del córtex (que regulan las emociones y abren nuevas perspectivas), se desarrolla dentro de cada uno de nosotros y nadie es inmune a cambiar el lado oscuro y primitivo de su cerebro.”


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