Monday :: 20 / 10 / 2014

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Noticia : Cuidado ambiental

Busca UNAM cuidado ambiental mediante consumo responsable

La universidad adquirirá productos amigables con el ambiente, desde papelería hasta vehículos de transporte


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La universidad adquirirá productos amigables con el medio ambiente

La universidad adquirirá productos amigables con el medio ambiente (Foto: UNAM)

Promover un "consumo responsable" empieza por adoptar nuevos hábitos y practicarlos
Los centros educativos tienen mayor responsabilidad de transformar sus hábitos de consumo en un círculo virtuoso

Con el desarrollo de la sociedad de consumo aumentan los índices de contaminación ambiental, pues el que un solo producto llegue al mercado significa que antes se talaron infinidad de árboles, se extrajeron cientos de barriles de crudo, se quemaron grandes cantidades de hidrocarburos o se vertieron sustancias tóxicas a ríos y mares, entre muchas otras prácticas nocivas.

El daño que causamos al planeta se ha agravado con el paso de los siglos, de manera exponencial, pues si antes un hombre medieval producía un kilogramo de deshechos anualmente, hoy, el mexicano promedio genera uno por día, como señala el más reciente Censo de Población y Vivienda.

Una posible solución a este problema es generar tecnologías más eficientes, aunque se trata de un proceso lento y costoso; otra alternativa, mucho más práctica e inmediata, es modificar hábitos de consumo, justo lo que instrumentará la UNAM en sus instalaciones.

El reto de ahorrar y atender a una comunidad siempre creciente

Replantear costumbres no siempre es sencillo, y para ello, la Universidad seguirá tres principios básicos a la hora de planear cómo adquirirá productos.

Primero, consumirá un menor volumen de bienes; segundo, preferirá artículos cuyo ciclo de vida —es decir, producción, transporte y disposición final— tenga impactos menores, y tercero, optará por bienes que impliquen efectos sociales benéficos en la propia comunidad (esto es, artículos fabricados en México).

Por un consumo responsable

Promover un “consumo responsable” empieza por adoptar nuevos hábitos y practicarlos; por ello, se aplicarán estos nuevos criterios a la hora de hacer adquisiciones, especialmente en estos tres rubros:

Artículos, materiales y útiles diversos, como los que se necesitan en las oficinas, para labores de limpieza y en servicios de alimentación.

Materiales de mantenimiento para edificios e instalaciones, principalmente lámparas fluorescentes, ahorradoras de energía.

Equipo de transporte, es decir, vehículos. Los que se adquieran deberán estar clasificados en categorías de la A a la H, de la tabla de Ecovehículos, Indicadores de Eficiencia Energética y Emisiones Vehiculares, del Instituto Nacional de Ecología.

El problema de la papelería y cómo salvar 10 mil árboles al año

Recientemente, se lanzó una campaña contra la compañía Asia Pulp & Paper, considerada la empresa papelera más destructiva del mundo, pues para elaborar cartón y hojas para oficina devasta las selvas tropicales de Indonesia y zonas de turberas, que además de ser grandes reservas de carbono, son hábitat de especies amenazadas.

Este ejemplo de daño ambiental, quizá es el más emblemático, se repite alrededor del orbe, en mayor o menor escala, por lo que en la Universidad Nacional, a la hora de comprar papel bond, fólders, sobres y carpetas, se observará que las fibras del papel sean recicladas, naturales no derivadas de madera, provenientes de bosques o plantaciones manejadas de forma sustentable o, en su defecto, una mezcla de éstas. Además, se cuidará que estén libres de cloro y laminados plásticos.

Tan sólo con la sustitución de, al menos,el 50 por ciento del papel bond que se consume en Ciudad Universitaria por hojas 100 por ciento recicladas, se dejarán de derribar aproximadamente 10 mil árboles al año y se ahorrarán cuatro mil 102 metros cúbicos de agua, requerida para la producción de este insumo.

Por su parte, los lápices deberán contar con la certificación FSC (Forest Stewardship Council), aval de que la madera usada proviene de fuentes explotadas de manera racional y responsable. Además, no deberán tener goma, pintura ni barniz.

Dentro de los planes de la UNAM está el que al menos la mitad de las 16.6 toneladas de sobres tamaño carta que consume cada año, estén hechos con materiales provenientes de fibras recicladas, lo que se traducirá en 141 árboles que no serán derribados y en 58.1 metros cúbicos de agua que podrán ser destinados a otras actividades, como consumo humano o riego.

Se procurará que al menos el 50 por ciento de todos los artículos de papelería adquiridos tenga estas características.

A limpiar la casa

Se sabe que tan sólo una gota de aceite es capaz de contaminar decenas de litros de agua; que los detergentes y sus tensoactivos son una amenaza para la vida acuática, y que sus fosfatos promueven la aparición de algas a niveles tan alarmantes, que pueden alterar para siempre el delicado equilibrio ecológico.

Por ello, en lo que respecta a detergentes líquidos para la limpieza de pisos, oficinas, baños, ventanas, exteriores y muebles en general, se optará por aquellos productos elaborados con base de agua, en lugar de aceite, y por los que sean biodegradables, libres de fosfatos y no corrosivos.

De esta manera, se colabora al aminorar procesos agresivos al ambiente como la eutrofización de los cuerpos de agua, que en casos extremos acaban con toda la vida acuática, e incluso provocan reacciones no deseadas en el cuerpo humano.

Actualmente hay opciones mucho más amigables con el entorno, por lo que una de las labores universitarias será sustituir las viejas sustancias de limpieza por unas de menor impacto ambiental, de preferencia por las que estén elaboradas a partir de insumos naturales.

Además, en lo que respecta a empaques de alimentos fabricados con unicel, éstos serán descartados. Así, se evitará que 60 toneladas de este residuo, que además tarda miles de años en degradarse, terminen en rellenos sanitarios.

¡Hágase la luz!

Las nuevas alternativas de iluminación consumen apenas una cuarta parte de lo que demandaban las convencionales. Por ello, en países como Estados Unidos, a partir de enero de 2012, saldrán del mercado los focos tradicionales, y hay muchos países que están por aplicar medidas similares.

En México, aunque ha habido programas para promover la sustitución de focos convencionales por ahorradores, la transición ha sido lenta. Por lo pronto, en la UNAM se cambiarán todas las bombillas incandescentes por fluorescentes y se instalarán balastros más eficientes.

Así, se atiende un gran problema, el del abasto eléctrico, pues para generar las cantidades que demanda una sociedad como la mexicana, es preciso quemar miles y miles de barriles de petróleo.

Con la sustitución de al menos el 50 por ciento de las lámparas fluorescentes T12 que adquiere actualmente la Universidad, por lámparas más eficientes, se contará con un ahorro de 200 MW-h cada año, cantidad equivalente a la requerida para iluminar durante dos meses la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, o bien la energía que utilizan tres mil 921 mexicanos cada día.

Transporte más limpio

La polución ocasionada por el parque automotor es particularmente peligrosa, en especial para quienes habitan en las ciudades, porque las emisiones de los vehículos contienen monóxido de carbono, hidrocarburos y óxidos de nitrógeno que son liberados a la atmósfera y forman el llamado smog oxidante fotoquímico, cuya inhalación tiene serias repercusiones para la salud humana.

Por ello, de ahora en adelante, si se trata de equipos de transporte, los que se adquieran deberán estar en las categorías de la A a la H de la tabla de Ecovehículos, Indicadores de Eficiencia Energética y Emisiones Vehiculares, sistema de evaluación que funciona así: a partir de ejes cartesianos, en la línea de las abscisas se califica el desempeño de los automotores en contaminantes al aire, mientras que en la de las ordenadas, se mide la emisión de gases de efecto invernadero.

A partir de este sistema, se califica a los vehículos y se les coloca en una retícula, según su marca, modelo y año de fabricación. Aquellos que alcancen del nivel A (el máximo sitial posible y actualmente vacante) al K, se considera tienen un desempeño aceptable. Los que caen en el rango de la L a la U, son los más agresivos con el aire que respiramos.

Los beneficios de adquirir autos poco contaminantes son, a decir del Instituto Nacional de Ecología, muchos, porque, de entrada, un carro nuevo con una alta calificación en gases de efecto invernadero genera ahorros considerables en el gasto de gasolina, lo que ayuda no sólo al bolsillo del consumidor, sino que contribuye a mitigar el calentamiento global.

Por otro lado, una máquina que arroje menos contaminantes disminuye la merma en la calidad de aire, pues cuando éste se encuentra sucio impacta en la salud: el óxido de nitrógeno (NOx) y los compuestos orgánicos volátiles contribuyen a la formación de ozono (O3) en la atmósfera baja, sustancia que puede ocasionar inflamación pulmonar, depresión del sistema inmunológico frente a infecciones pulmonares, cambios agudos en la función, estructura y metabolismo de éstos, y efectos sistémicos en órganos blandos, como el hígado.

Crear una nueva cultura de consumo

Alrededor del mundo hay un creciente número de universidades, corporaciones, agencias gubernamentales y otras instituciones que revisan sus hábitos de compra e incorporan criterios ambientales en todas sus fases de adquisiciones.

En México, es un tema que, aunque abordado en distintas perspectivas e incluido en algunos lineamientos y discursos gubernamentales o empresariales, en la práctica los patrones de consumo en los sectores privado, público o el de la sociedad civil, difícilmente incorpora la variable ambiental o social en sus procesos de decisión en materia de adquisiciones.

Las instituciones públicas, las organizaciones de la sociedad civil, los centros educativos y también las grandes organizaciones del sector privado, al ser consumidores de mayor volumen, tienen mayor responsabilidad de invertir en esfuerzos para transformar sus hábitos de consumo en un círculo virtuoso que apoye formas de producción que tomen en cuenta la variable ambiental, económica y social en sus procesos.

 


Fuente: Con información de la UNAM





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