Friday :: 18 / 04 / 2014

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Basura tecnológica

Su volumen representa entre uno y cinco por ciento del total de desechos producidos en el mundo


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Basura tecnológica

Basura tecnológica

Millones de toneladas de desechos tecnológicos, conocidos también como e-basura, se generan cada año en el mundo, sin que los gobiernos, fabricantes o usuarios tengan idea de qué hacer con ellos.

“El futuro ya nos alcanzó en el 2010, sin que estemos preparados para subirnos al tren de la tecnología, y sin saber qué hacer con sus desperdicios, que crecen a un ritmo acelerado”, señaló Lucía Andrade Barrenechea, académica de la Facultad de Contaduría y Administración (FCA) de la UNAM, y especialista en informática administrativa.

Debido a la corta vida de los bienes electrónicos, el volumen de esta chatarra, que representa entre uno y cinco por ciento del total de la basura producida en el mundo, sigue acumulándose.

Según un reporte de la Convención de Basilea, tratado internacional que se encarga del comercio mundial de los residuos tóxicos, entre 50 y 80 por ciento de los desechos electrónicos recolectados en Estados Unidos para el reciclaje, termina en alguna nación asiática, donde algunos de sus componentes se venden y otros, que son contaminantes, van a parar a ríos y campos.

Solución inmediata y urgente


En países como México, constituyen un grave problema; la solución debe ser inmediata y urgente porque, como advirtió Ted Smith, director de Silicon Valley Toxics Coalition, en poco tiempo podría derivar en un desastre ecológico.

Sin duda, la cultura de los productos no retornables acentúa este inconveniente, porque componentes de los innumerables aparatos electrónicos que se venden en el mercado no se pueden reciclar.

A diferencia de otras industrias, donde la contaminación ocurre durante el proceso de fabricación, en la de las tecnologías de la información, el principal producto nocivo es el artículo final en desuso.

Una sola batería de cadmio, ejemplificó, basta para alterar 600 litros de agua.

Con potencial económico


Sin embargo, como toda basura, la tecnológica (línea blanca: refrigeradores, hornos y lavadoras; línea marrón: televisores, videos, grabadoras y equipos de música, y línea gris: computadoras y celulares, entre otros) tiene un potencial económico, porque es comercializable.

Para eso, Andrade Barrenechea propuso aplicar a estos desechos el tratamiento de las “Tres R”, que consiste en reducir al máximo la producción; reutilizarlos, darles otro uso o encontrar a quien pueda dárselo, y reciclarlos o depositarlos en un punto limpio.

“De un teléfono celular, por ejemplo, cuya esperanza de vida útil es de dos años, en promedio, puede aprovecharse 90 por ciento de sus componentes, como la carcaza, la pantalla LCD, las piezas eléctricas, el cargador y la antena”, explicó

Responsabilidad social

Si bien el consumidor tiene la responsabilidad de deshacerse de manera apropiada de la chatarra tecnológica, las empresas fabricantes deben facilitarle el proceso y garantizar que los residuos tengan un final adecuado.

Andrade Barrenechea exhortó a promulgar leyes y regulaciones ecológicas, para que esas empresas y las personas sepan qué hacer con los desechos tecnológicos.

“Es importante, además, que el acopio de e-basura no sea un acto voluntario, sino obligatorio para las empresas, como sucede en Argentina, España y otros países”,
concluyó.


Fuente: Con información de la UNAM





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