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Cuidan a murciélagos con ciencia

      

Por Patricia López

El Programa para la Conservación de los Murciélagos de México (PCMM) celebró ayer su primera década de investigación científica, trabajo comunitario y educación ambiental a favor de los únicos mamíferos voladores, que suman 950 especies en todo el mundo y 137 en México.

"Nuestro objetivo central es conservar a los murciélagos", explica Laura Navarro, responsable de educación ambiental del PCMM, organismo formado en 1994 por 15 biólogos, ambientalistas y pedagogos que protegen a estos animales que controlan plagas al alimentarse de insectos dañinos a los cultivos de algodón, maíz y papa.

"Los murciélagos cumplen una función ambiental, comen grandes cantidades de insectos que afectan cosechas, son polinizadores de plantas de importancia económica como los agaves y dispersan en zonas deforestadas semillas de pitayas, higos, guayabas y ciruelas con las que se alimentan", dice Navarro.

El PCMM dedica parte de su trabajo a la investigación científica, encabezada por Rodrigo Medellín, biólogo especialista en mamíferos y académico del Instituto de Ecología de la UNAM (IE UNAM), institución que apoya a este organismo con recursos económicos, al igual que el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), donde el paleozoólogo Joaquín Arroyo Cabrales estudia fósiles de murciélagos.

El ser humano es el principal depredador de estos animales "de mala fama"; por ello otra área del programa se dedica a la educación ambiental, que incluye información general sobre estos mamíferos, talleres para niños y trabajo en las comunidades donde están las cuevas que los resguardan.

Mucha gente mata murciélagos por miedo a su aspecto y debido a la falsa idea de que muerden en busca de sangre. Pero el 70 por ciento de ellos son insectívoros, el 29 por ciento comen frutas, polen, néctar, peces o carne y el uno por ciento restante lo integran las tres únicas especies que se alimentan de sangre de aves, documenta Medellín.

Los murciélagos solo tienen una cría al año, que resguardan en cuevas. Pero hay personas que entran a esos sitios con antorchas, generan luz y ruido y causan su muerte.

Por ello el PCMM protege 12 sitios prioritarios que los resguardan, entre ellos la Cueva de las Grutas en Ciudad Hidalgo, Michoacán; la de Trinitaria, en Chiapas; la Cueva del Diablo en Tepoztlán, Morelos; y la de Xoxafi, en Hidalgo.

Esos sitios tienen gran cantidad y diversidad de murciélagos, y la idea es convertirlos en sitios de ecoturismo, manejados por especialistas y por la comunidad humana de las regiones. Las de Michoacán y Xoxcafi ya se pueden visitar. Se cobra la entrada para que con ese dinero la comunidad cuide las cuevas y a sus habitantes.

Los logros en una década de conservación incluyen el mantenimiento e incremento de las poblaciones de murciélagos en su hábitat natural, la formación de personal especializado y la sensibilización "por lo menos de 70 mil personas que han colaborado con nosotros", dice Navarro.

Con el PCMM colaboran instituciones como la Sociedad Mexicana de Mastozoología, las Universidades Autónoma de Chiapas, Autónoma Metropolitana y algunas estadounidenses relacionadas con la migración de estos animales, como la Universidad de Tennessee, la organización Bat Conservation International y el Servicio Estadounidense de Pesca y Vida Silvestre.

Los murciélagos no son ciegos, tienen una vista habituada a la oscuridad; tampoco son parientes de los ratones aunque se les parezcan, y tienen en común con las ballenas un sonar que funciona mediante la emisión de un ruido que, al rebotar, les avisa de la distancia a la que se encuentran obstáculos o depredadores en las sombras.

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